El diseño empieza con preguntas, no con propuestas
La primera conversación no es para mostrar un catálogo de casas. Es para entender cómo vive una familia: los horarios, las visitas, si alguien trabaja desde casa, los niños, los años que vienen. En proyectos comerciales la pregunta cambia de contenido pero no de naturaleza: cómo funciona el negocio, qué recorridos hace la gente, qué hay que ver desde la calle.
De ahí sale el programa arquitectónico, que es la lista de lo que el proyecto tiene que resolver, cruzada con lo que la norma del predio permite. Es el documento que evita que se diseñe algo imposible o algo que no responde a nadie.
Cada proyecto de nuestro portafolio salió de una conversación distinta. Por eso ninguno se parece a otro: ninguna familia y ningún negocio se parecen a otro.

